Nadie puede ser a la vez buen católico y verdadero socialista

Nadie puede ser a la vez buen católico y verdadero socialista.

(Quadragesimo Anno 120, Papa Pío XI)

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Producto de la reflexión del Papa Pío XI en su encíclica de Quadragesimo Anno, donde el Papa asienta las bases de la postura católica, ante el mal del socialismo, que pretende permear todas las estructuras de la sociedad, arrancándoles el alma y convirtiendo en terrenal todos los deseos y aspiraciones del ser humano.

Y es que nuestra Patria está en el cielo (Fil. 3,20), y estamos llamados a enriquecer y ennoblecer nuestros espíritus con nuestras acciones para alcanzar esa patria.  Nuestro fin último no está atado a ésta materialidad sino a la vida espiritual.

El Marxismo en sus dos vertientes: el socialismo y el comunismo, además de promover en primer lugar, la colectivización de la vida de los pueblos, busca suprimir completamente las necesidades individuales y las libertades de las personas, de las familias, imponiéndole las necesidades del colectivo, siempre impuestas desde las estructuras del Poder.

El segundo razgo más virulento del Marxismo, pasa por el proceso de ataque a la propiedad privada a la iniciativa privada, necesaria a todo individuo para poder desarrollar todas sus capacidades intelectivas, físicas, humanas, transformadas en un bien capaz de ser transmitido, heredado, a su prole.  En el socialismo y el comunismo, este plus generado por los individuos pasa al control del estado, que cosecha donde no ha sembrado, ni sembrará nunca.

El tercer mal promovido por el Marxismo, es que todos los medios de producción pasen a manos del estado, y todos los individuos sean empleados del estado, sin grado de independencia alguna sino de sujeción y dependencia perpetúa, los grandes beneficiarios de esta situación pasarán a ser los miembros "del partido".  Personas que nunca han trabajado y quieren beneficiarse de los productos y riquezas que generan los que si trabajan y si producen los bienes para los demás.

Dios, nos ha dado el don de la libertad, nos ha dado el mandato de dominar "señorear" la tierra, y de tomar de la creación todo lo que necesitemos, pero hay que trabajarla y hacerla prospera.

Dios no desea que seamos esclavos del estado, ya que el estado es posterior al ser humano y la familia.  Dios creo al hombre y a la mujer primero. la necesidad por tanto del estado y de la sociedad surge del deseo de seguridad, de protección y de compañía.  No para aplastar las libertades individuales de las personas sino para promoverlas, protegerlas e impulsarlas, ir en contra de las libertades individuales e ir en contra de los planes y de la voluntad de Dios.

En segundo lugar, Dios otorga a los hombres y mujeres, el rol de señor de los bienes creados, para hacerlos prósperos y que estos les sirva de alimento y vestido, no es rol del estado limitar, controlar, expropiar y arrancar de las manos de los individuos esta capacidad, pues atacan directamente el mandato de Dios.  Un estado nación que pretenda adueñarse de la producción del hombre o de expropiarle sus capacidades de fecundidad fruto de sus manos, coarta los deseos de Dios.

Aunque para un materialista Marxista: socialista o comunista, la idea de Dios es superflúa, prefieren ellos convertirse en dioses que le ordenen a los demás lo que deben hacer, y valiéndose del conocimiento del árbol de bien y del mal, aspiran ellos mismos ser como dioses encarnados y terrenos sometiendo a los demás a sus designios, apoyándose en su mero conocimiento, según ellos mismos: "superior".  Jesús indicó que "el que quiera ser el primero, sea el servidor de todos" (Marcos 9,35).

Son los Marxistas, quienes actúan como lobos revestidos con piel de cordero, permeando las escuelas y universidades, las empresas, los organismos públicos con su veneno endulzado, dulce al paladar y amargo en el estómago, siembran sus cizañas en medio de personas cautas, criticando a la riqueza, a la empresa, a la iglesia, a la familia, atacar como león rugiente todo vestigio de humanidad.

Apoyar las ideas Marxistas, que por más insidiosas que sean, implicaría propiamente a renunciar a la propia fe, rechazar la fuente de la vida eterna y de la verdad, la verdad que nos hará libres, y ése es su método esparcir cizañas de semiverdades que sutilmente atacan la libertad del individuo.

Por este motivo, las palabras del Papa Pío XI escritas en el año 1931, resuenan más fuertes hoy, en pleno siglo XXI, que cuando fueron escritas.  No se puede ser un buen católico y un verdadero socialista, no se puede decir que se ama a Dios, si rechazamos con los actos todo el plan de Dios revelado al inicio en la creación.

Apoyar por tanto este socialismo del siglo XXI, nos cierra las puertas del cielo a todos aquellos que buscamos nuestra felicidad y seguridad fuera de Dios.  Desnudemos por tanto a éste germen del mal y exterminemos su doctrina engañosa, promovamos juntos: si a la voluntad de Dios, si a la libertad del hombre, si a la libre empresa, si a la propiedad privada, si al respeto de la dignidad humana.

Sólo los incautos caen en las trampas del maligno, no seas tú uno de ellos, lee, instrúyete, enseña.


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