R30062018


Sábado, 30 de Junio de 2018


Hoy leemos, las desgracias que sufre el pueblo que se aleja del Dios Verdadero, y que busca falsos dioses y falsos consuelo en lo que no es.

El profeta del libro de las lamentaciones, convoca al pueblo a llorar amargamente por la ruina en la que ve sumergido al pueblo en general, el hambre, la peste, la desnutrición, la muerte de grandes y chicos, la miseria que se experimenta en un pueblo devastado y en la ruina.

Ya la casa de Israel del Norte, había cedido ante el Rey de Asiria, hoy contemplamos lo que quedó de la Casa de Judá del Sur, ante la devastación propiciada por el Rey de Babilonia Nabudocodonosor.  El pueblo llora, sufre y se cuestiona, sobre qué cosas hemos hecho mal, que nos ha acarreado tan brutales desgracias.  E implora por la misericordia y compasión de Yavé Dios, Dios del cielo.

Sentimos muchas veces que cuando experimentamos esto, se debe a un castigo Divino, ¿Qué fue lo que hicimos para merecer esto? ¿Hasta cuándo, Dios, nos dejas vivir esta situación?  Esta lamentación mueve al arrepentimiento de nuestras faltas y malos comportamientos, y nos lleva a suplicar los auxilios Divinos y mostrar un cambio de vida, para que Dios nos vea, como es expresado en el salmo.

Tal situación experimenta el oficial romano, pagano, pero ante el dolor de uno de los de su casa, su criado favorito, esta situación de pesar, anima la fe y envalentona al oficial romano a reconocer la grandeza de Jesús, y a pedirle por la salud (salvación) de su criado fiel.

Jesús, el Señor, admirado por la confianza y fe de éste pagano, alaba este fiat del extranjero, y le concede lo que vino a pedirle.  Demostrándonos esto que mientras los que conocemos y hemos vivido lo que Dios ha hecho por nosotros, lo abandonamos.  Y, a aquellos, que no han sentido estas manifestaciones de Dios en el pasado, son los que creen más y se acercan para conocerlo y vivirlo en su día a día.

Queda por tanto, la frase perenne de Jesús en contra de aquellos que han olvidado las enseñanzas, normas y mandamientos del Señor, aquellos herederos de las promesas de Dios y que le abandonaron tanto en el pasado, y que igualmente le abandona hoy, “En cambio, a los herederos del Reino los echarán fuera, a las tinieblas. Ahí será el llanto y la desesperación” (Mt 8,12).

Y nosotros, ¿cómo es nuestra conducta para con Dios? ¿Creemos verdaderamente en las Palabras del Señor? ¿Las cumplimos?




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