Sábado, 30 de Junio
de 2018
Lecturas del Día:
Lam 2, 2. 10-14. 18-19; Sal 74(73); Mt 8, 5-17
Hoy leemos, las desgracias que sufre el pueblo que se aleja
del Dios Verdadero, y que busca falsos dioses y falsos consuelo en lo que no
es.
El profeta del libro de las lamentaciones, convoca al pueblo
a llorar amargamente por la ruina en la que ve sumergido al pueblo en general,
el hambre, la peste, la desnutrición, la muerte de grandes y chicos, la miseria
que se experimenta en un pueblo devastado y en la ruina.
Ya la casa de Israel del Norte, había cedido ante el Rey de
Asiria, hoy contemplamos lo que quedó de la Casa de Judá del Sur, ante la devastación
propiciada por el Rey de Babilonia Nabudocodonosor. El pueblo llora, sufre y se cuestiona, sobre qué cosas hemos hecho mal, que nos ha acarreado tan brutales desgracias. E implora por la misericordia y compasión
de Yavé Dios, Dios del cielo.
Sentimos muchas veces que cuando experimentamos esto, se
debe a un castigo Divino, ¿Qué fue lo que hicimos para merecer esto? ¿Hasta
cuándo, Dios, nos dejas vivir esta situación?
Esta lamentación mueve al arrepentimiento de nuestras faltas y malos
comportamientos, y nos lleva a suplicar los auxilios Divinos y mostrar un cambio de vida, para que Dios nos vea, como es expresado en el salmo.
Tal situación experimenta el oficial romano, pagano, pero
ante el dolor de uno de los de su casa, su criado favorito, esta situación de
pesar, anima la fe y envalentona al oficial romano a reconocer la grandeza de
Jesús, y a pedirle por la salud (salvación) de su criado fiel.
Jesús, el Señor, admirado por la confianza y fe de éste
pagano, alaba este fiat del extranjero, y le concede lo que vino a
pedirle. Demostrándonos esto que
mientras los que conocemos y hemos vivido lo que Dios ha hecho por nosotros, lo
abandonamos. Y, a aquellos, que no han
sentido estas manifestaciones de Dios en el pasado, son los que creen más y se
acercan para conocerlo y vivirlo en su día a día.
Queda por tanto, la frase perenne de Jesús en contra de
aquellos que han olvidado las enseñanzas, normas y mandamientos del Señor,
aquellos herederos de las promesas de Dios y que le abandonaron tanto en el
pasado, y que igualmente le abandona hoy, “En cambio, a los herederos del Reino los echarán fuera, a las
tinieblas. Ahí será el llanto y la desesperación” (Mt 8,12).
Y nosotros, ¿cómo es nuestra conducta para con Dios? ¿Creemos
verdaderamente en las Palabras del Señor? ¿Las cumplimos?
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