R28062018

Jueves, 28 de junio de 2018


Este día reflexionamos sobre el final de todos aquellos que no obran de acuerdo a Dios, seremos probados según la calidad de la construcción de nuestras casas, de nuestras vidas y templos espirituales.
Joaquín, no permaneció fiel a la voluntad de Dios, sino que cedió y actuó como sus padres incumpliendo con el pacto de Dios con los Patriarcas y con el Rey David.  Esto, produjo que Dios los abandonara a su suerte y permitió que Babilonia invadiera la Casa de Judá del Sur, que Jerusalén fuera profanada, así como su templo.  Llevándose a su Rey, a sus privilegiados y cerrajeros deportados a Babilonia.  Es el inicio de la deportación a Babilonia.  Con ello, se consuma la pérdida del Reino de Israel cuando la Casa de Israel del norte fue invadida por los asirios y la Casa de Judá del sur fue invadida por Nabudocodonosor y sus jefes y ricos fueron deportados a Babilonia.
Todo esto, debido a que edificaron sus vidas, sus casas, no sobre la roca firme de la Palabra de Dios, sino sobre sus propios deseos y ambiciones.
Guardar las palabras del Señor en el corazón y cumplirlas, pasará a ser el eje central de la vida de los cristianos, estos cimientos son los que garantizarán la supervivencia de los cristianos en todo momento y muy particularmente en la tribulación y en los grandes embates de la vida, cuando todo parece ir mal.
Por tanto, el Testimonio de Vida, queda en el centro de lo que se juzgará al final de todo.  Cuantos cumplimos con la alianza de Dios, con su Palabra (guardar y cumplir), y cuantos conociendo la Palabra de Dios, la ignoramos en nuestro vivir y actuamos de acuerdo a nuestras apetencias, construyendo sobre la arena.
¿Cuáles son nuestros cimientos y cómo están? ¿Cumplimos con nuestras promesas bautismales a través de nuestro testimonio de vida?
Serán expulsados de la Jerusalén celestial todos aquellos que no fueron capaces de guardar y cumplir las Palabras de Dios.

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