R05072018


Jueves, 5 de Julio de 2018


Hoy, vemos a Amós situado en el Reino de la Casa de Israel del Norte, en tiempo del Rey Jeroboam, quien le quitó la mayor parte del reinado a Roboam, Hijo de Salomón, Rey de la Casa de Israel del Sur.  Y Contra aquel, que con su forma de actuar y su idolatría a los baales, hizo lo que a Dios le desagradaba.

Igual, que el sacerdote Amasías, quien festejaba toda la injusticia que cometía Jeroboam y el pueblo cuando se alejaba del Dios de Israel.  Por eso mismo, Amasías, no soportaba ni permitía que Amós profetizará en el templo, so pena de muerte capital, porque sus críticas sobre Jeroboam y sobre el pueblo, vaticinaba la destrucción de la Casa de Israel del Norte.

Haciéndose solidario con el pecado colectivo, el mal social o el pecado social, Amasías no lo denunciaba y no quería que nadie lo comentara. ¿Cuántas veces omitimos denunciar las injusticias sociales y los males sociales que comete el colectivo? ¿Cuántas veces nos hacemos solidarios con la maldad y hasta la toleramos?

Esa misma situación, nos la presenta Jesús, con la escena de la persona paralítica.  Jesús viendo la esencia misma de la persona del paralítico le ofrece el perdón de sus muchos pecados, primer paso hacia la sanación definitiva, y que conlleva a un cambio de la manera de vivir.  Y critica la actitud altanera, de aquellos que desean que la vida continúe tal como está, que nada cambie. Que rápido nos acostumbramos a las situaciones de injusticia.  Jesús vino a liberar a todos, pero particularmente al paralítico de dos cosas: de las ataduras del pecado y de la atadura de la camilla.

Ya Jesús nos liberó de la atadura del pecado, pero ¿de qué tipo de camilla debemos ser liberados? ¿Qué situaciones y/o actitudes impiden que actuemos con la verdadera libertad de los hijos de Dios, como nos dirá posteriormente San Pablo? ¿Cuándo saldremos de éste letargo espiritual paralizante?

Hoy Amós sigue denunciando esa actitud cómoda de Amasías que lo hace cómplice de la situación de pecado del pueblo y de los gobernantes.  Hoy Jesús, demuestra que él tiene poder sobre el mal y sobre la enfermedad.

Y nosotros, ¿seguimos en la camilla paralizante o nos levantamos y cambiamos la realidad?

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