Jueves, 5 de Julio de 2018
Lecturas del Día: Am 7, 10-17; Sal 19(18); Mt 9, 1-8
Hoy,
vemos a Amós situado en el Reino de la Casa de Israel del Norte, en tiempo del
Rey Jeroboam, quien le quitó la mayor parte del reinado a Roboam, Hijo de
Salomón, Rey de la Casa de Israel del Sur.
Y Contra aquel, que con su forma de actuar y su idolatría a los baales,
hizo lo que a Dios le desagradaba.
Igual,
que el sacerdote Amasías, quien festejaba toda la injusticia que cometía
Jeroboam y el pueblo cuando se alejaba del Dios de Israel. Por eso mismo, Amasías, no soportaba ni
permitía que Amós profetizará en el templo, so pena de muerte capital, porque
sus críticas sobre Jeroboam y sobre el pueblo, vaticinaba la destrucción de la
Casa de Israel del Norte.
Haciéndose
solidario con el pecado colectivo, el mal social o el pecado social, Amasías no
lo denunciaba y no quería que nadie lo comentara. ¿Cuántas veces omitimos
denunciar las injusticias sociales y los males sociales que comete el
colectivo? ¿Cuántas veces nos hacemos solidarios con la maldad y hasta la
toleramos?
Esa
misma situación, nos la presenta Jesús, con la escena de la persona
paralítica. Jesús viendo la esencia
misma de la persona del paralítico le ofrece el perdón de sus muchos pecados,
primer paso hacia la sanación definitiva, y que conlleva a un cambio de la
manera de vivir. Y critica la actitud
altanera, de aquellos que desean que la vida continúe tal como está, que nada
cambie. Que rápido nos acostumbramos a las situaciones de injusticia. Jesús vino a liberar a todos, pero
particularmente al paralítico de dos cosas: de las ataduras del pecado y de la
atadura de la camilla.
Ya
Jesús nos liberó de la atadura del pecado, pero ¿de qué tipo de camilla debemos
ser liberados? ¿Qué situaciones y/o actitudes impiden que actuemos con la
verdadera libertad de los hijos de Dios, como nos dirá posteriormente San Pablo?
¿Cuándo saldremos de éste letargo espiritual paralizante?
Hoy
Amós sigue denunciando esa actitud cómoda de Amasías que lo hace cómplice de la
situación de pecado del pueblo y de los gobernantes. Hoy Jesús, demuestra que él tiene poder sobre
el mal y sobre la enfermedad.
Y nosotros,
¿seguimos en la camilla paralizante o nos levantamos y cambiamos la realidad?
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