R03072018


MARTES, 3 de Julio de 2018
Fiesta de Santo Tomás, Apóstol


Hoy, podemos apreciar en esta fiesta, la prueba viva de Jesús resucitado para la fe frágil de Santo Tomás apóstol.  ¿Cuántos de nosotros aún hoy quisiéramos experimentar y palpar con nuestras manos y apreciar con nuestros ojos en carne y hueso, a Jesús resucitado?

Y podemos pasar años en la Iglesia, y nunca haberle visto actuar en la vida de los demás, menos en la vida propia.  ¿Cuántos Tomás llenan hoy nuestros templos? Y por tanto, no experimentan el cambio en sus vidas, no sienten ese gozo del resucitado y por ello la alegría que invade todos los espacios y todas las realidades.

Más allá de eso, Jesús alaba la fe de aquellos que sin necesidad de verle o tocarle a él, lo reconocen en los demás y particularmente, en el Sacramento del Altar, la Hostia Sagrada. “dichosos los que creen sin haber visto” Jn 20, 29b.

Pero así mismo, el apóstol San Pablo, en su carta a los efesios, nos regala hermosas y alentadoras palabras, a “los que creen sin haber visto” ya no son ni extranjeros ni forasteros, ni huéspedes, ni recién llegados, ni migrantes, ni advenedizos, ni extraños, nada parecido: “son conciudadanos de los santos y pertenecen a la familia de Dios” Ef 2, 19b.

Indicando todo ello, que somos de la familia de los santos, miembros de ése pueblo a quien Dios llama que seamos santos como él es Santo.  Mostrándonos, que la alegría de la salvación está en escuchar y creer en las palabras de Jesús, convertirnos, bautizarnos y vivir como conviene a los santos como testigos de su amor.

Hoy, somos invitados a redescubrir el sentido de nuestra vocación y llamamiento a la Santidad, que dejemos de vivir como quien no tiene esperanza, que al contrario, quien tiene esperanza vive de la fe y de la alegría de Jesús Resucitado, sobre quien se va levantando día a día, el templo santo de Dios, y del cual somos piedras vivas que dan visibilidad a esa estructura santa que se apoya en el cimiento de los apóstoles (nuevo testamento) y los profetas (antiguo testamento).

¿Cómo es mi vida a la luz de Jesucristo resucitado? ¿Mi vida permea esperanza a todos los que giran en torno de mí? ¿Cómo se va desarrollando mi vida de santidad? ¿Sigo dudando o soy creyente firme?

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