Lunes, 25 de junio de
2018
Lecturas del día:
2Re 17, 5-8.13-15.18; Sal 60(59); Mt 7, 1-5
Hoy, el Señor nos invita a la revisión de la propia vida
antes que nosotros juzguemos la vida de los demás, que no critiquemos tanto al
otro, que no juzguemos la manera de actuar del prójimo, pues tendemos a vivir
la doble moral, juzgamos al otro con tal ligereza que le atamos cadenas con una
generosidad malsana increíble.
Justamente, por no hacer lo que Dios nos pide, amarle a Él y
amar al prójimo, es que le abandonamos y el Señor, se esconde dejándonos a
nuestra suerte, permitiendo que los males propios, del mundo y del demonio nos
ataquen y nos hagan daño.
El pueblo de Israel del norte experimenta esta realidad,
cuando abandonaron a Dios y siguieron a los baales, incumplieron con su
infidelidad el pacto de amor fiel que Dios mismo les exigía cumplir a cambio de
permanecer por siempre junto a ellos.
Particularmente, hoy, nos invita a responder con fidelidad y
lealtad a su amor, amándole a él y a los demás.
Que no juzguemos a nuestros hermanos, a los otros, que a nosotros no nos
compete el juicio. Nos corresponde
perdonar las faltas, las debilidades y las carencias de los otros. Nos corresponde corregirlos con amor, con
mucho amor, bajándonos del pedestal donde creemos estar encumbrados, que nos
hace acusadores, jueces y verdugos de los demás. Que oremos más por ellos.
Recordando siempre las palabras perennes de las Sagradas
Escrituras “la misericordia triunfa sobre el juicio” “habrá misericordia para
quien práctico la misericordia” y si somos implacables aplicando juicio, Dios
mismo será implacable con quien no tuvo misericordia el día del juicio.
Tengamos presente que “lo que me molesta de los demás, es
porque yo mismo lo tengo”, por eso, dejemos la criticadera y el juicio gratuito
al otro, que con esas actitudes ahuyentamos a Dios de nuestras vidas.
Experimentando los males que no queremos por faltar al amor de Dios y al amor
al prójimo.
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