MIÉRCOLES, 15 de Agosto de 2018
La Asunción de La Santísima Virgen María
Apoc 11, 19; 12, 1-6.10; 1 Cor 15. 20-27; Lc 1, 39-56
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
Una mujer envuelta por el sol, con la luna bajo sus pies
Del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan: 11,19; 12, 16.10
Se abrió el templo de Dios en el
cielo y dentro de él se vio el arca de la alianza. Apareció entonces en el
cielo una figura prodigiosa: una mujer envuelta por el sol, con la luna bajo
sus pies y con una corona de doce estrellas en la cabeza. Estaba encinta y a
punto de dar a luz y gemía con los dolores del parto.
Pero apareció también en el cielo otra figura: un enorme dragón, color de fuego, con siete cabezas y diez cuernos, y una corona en cada una de sus siete cabezas. Con su cola barrió la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra. Después se detuvo delante de la mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo, en cuanto éste naciera. La mujer dio a luz un hijo varón, destinado a gobernar todas las naciones con cetro de hierro; y su hijo fue llevado hasta Dios y hasta su trono. Y la mujer huyó al desierto, a un lugar preparado por Dios.
Entonces oí en el cielo una voz poderosa, que decía: “Ha sonado la hora de la victoria de nuestro Dios, de su dominio y de su reinado, y del poder de su Mesías”. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Pero apareció también en el cielo otra figura: un enorme dragón, color de fuego, con siete cabezas y diez cuernos, y una corona en cada una de sus siete cabezas. Con su cola barrió la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra. Después se detuvo delante de la mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo, en cuanto éste naciera. La mujer dio a luz un hijo varón, destinado a gobernar todas las naciones con cetro de hierro; y su hijo fue llevado hasta Dios y hasta su trono. Y la mujer huyó al desierto, a un lugar preparado por Dios.
Entonces oí en el cielo una voz poderosa, que decía: “Ha sonado la hora de la victoria de nuestro Dios, de su dominio y de su reinado, y del poder de su Mesías”. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 44, 10bc. 11. 12ab.16
Del salmo 44, 10bc. 11. 12ab.16
R/. De pie, a tu derecha, está la reina.
Hijas de reyes salen a tu encuentro.
De pie, a tu derecha, está la reina, enjoyada con oro de Ofir. R/.
Escucha, hija, mira y pon atención: olvida a tu pueblo y la casa paterna; el rey está prendado de tu belleza; ríndele homenaje, porque él es tu Señor. R/.
Entre alegría y regocijo van entrando en el palacio real. A cambio de tus padres, tendrás hijos, que nombrarás príncipes por toda la tierra. R/.
Escucha, hija, mira y pon atención: olvida a tu pueblo y la casa paterna; el rey está prendado de tu belleza; ríndele homenaje, porque él es tu Señor. R/.
Entre alegría y regocijo van entrando en el palacio real. A cambio de tus padres, tendrás hijos, que nombrarás príncipes por toda la tierra. R/.
SEGUNDA LECTURA
Resucitó primero Cristo, como primicia; después los que son de
Cristo.
De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 15,
20-27
Hermanos: Cristo resucitó, y resucitó
como la primicia de todos los muertos. Porque si por un hombre vino la muerte,
también por un hombre vendrá la resurrección de los muertos.
En efecto, así como en Adán todos mueren, así en Cristo todos volverán a la vida; pero cada uno en su orden: primero Cristo, como primicia; después, a la hora de su advenimiento, los que son de Cristo.
Enseguida será la consumación, cuando, después de haber aniquilado todos los poderes del mal, Cristo entregue el Reino a su Padre. Porque él tiene que reinar hasta que el Padre ponga bajo sus pies a todos sus enemigos.
El último de los enemigos en ser aniquilado, será la muerte, porque todo lo ha sometido Dios bajo los pies de Cristo. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
En efecto, así como en Adán todos mueren, así en Cristo todos volverán a la vida; pero cada uno en su orden: primero Cristo, como primicia; después, a la hora de su advenimiento, los que son de Cristo.
Enseguida será la consumación, cuando, después de haber aniquilado todos los poderes del mal, Cristo entregue el Reino a su Padre. Porque él tiene que reinar hasta que el Padre ponga bajo sus pies a todos sus enemigos.
El último de los enemigos en ser aniquilado, será la muerte, porque todo lo ha sometido Dios bajo los pies de Cristo. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
R/. Aleluya, aleluya.
R/. Aleluya, aleluya.
María fue llevada al cielo y todos
los ángeles se alegran. R/.
EVANGELIO
Ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Exaltó a los
humildes.
Del santo Evangelio según san Lucas: 1, 39-56
En aquellos días, María se encaminó
presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de
Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la criatura
saltó en su seno.
Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”.
Entonces dijo María: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Santo es su nombre, y su misericordia llega de generación en generación a los que lo temen.
Ha hecho sentir el poder de su brazo: dispersó a los de corazón altanero, destronó a los potentados y exaltó a los humildes. A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió sin nada.
Acordándose de su misericordia, viene en ayuda de Israel, su siervo, como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia, para siempre”. María permaneció con Isabel unos tres meses, y luego regresó a su casa. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”.
Entonces dijo María: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Santo es su nombre, y su misericordia llega de generación en generación a los que lo temen.
Ha hecho sentir el poder de su brazo: dispersó a los de corazón altanero, destronó a los potentados y exaltó a los humildes. A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió sin nada.
Acordándose de su misericordia, viene en ayuda de Israel, su siervo, como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia, para siempre”. María permaneció con Isabel unos tres meses, y luego regresó a su casa. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
*REFLEXIÓN DEL DÍA*
En este día celebramos la Asunción de
la Virgen María a los cielos, a lo alto, junto a Dios.
Podemos apreciar en la primera
lectura del libro del apocalipsis, la visión astronómica y escatológica de Juan
Apóstol, de la Mujer envuelta por el sol en el cielo, con la luna a sus pies,
con una corona de doce estrellas, signo de la virgen, a la que le llegaron los
momentos de dar a luz. No existe en el
planeta un momento de mayor sufrimiento y debilidad para una persona, que en el
momento del parto, en el que las fuerzas fallan, y sólo queda confiar en Dios,
que la criatura nazca en perfecta salud, sano y que la madre supere esa
situación que podría tornarse en mortal.
Confianza en Dios, que nos acompaña
en el sufrimiento y en la debilidad, cuando somos capaces de abandonarnos
enteramente en su grandeza y en su misericordia.
Por el contrario, en la misma escena,
se nos presenta, la fuerza de la maldad, para destruir, para devorar, todo
signo de inocencia, de pureza, de debilidad, esta fuerza demoniaca representada
por el dragón, majestuoso en su vestir, en su actuar, en su volar sobre todos,
desplegando su grandeza. Quiere destruir
la esperanza que simboliza el niño que nace.
Dios es Dios, simplemente porque sabe
sacar de los momentos más crudos, cosas mejores, “mi gracia se manifiesta en tu
debilidad” (2 Cor. 12, 9), cuando ya no tenemos en que apoyarnos, cuando ya
no confiamos en nuestras propias fuerzas, sino en la fuerza de Dios, de Dios es
la victoria, y él sale en defensa de los humildes.
La Virgen María, representa la
debilidad encarnada, y todo el poder del mundo, representado por el dragón, por
los reyes y gobernantes poderosos de esos tiempos, pusieron todos los poderes
infernales, a la causa de la destrucción del niño que debía nacer y la destrucción
de la fe, de todos aquellos que llamarán Madre a la Virgen María.
La Virgen María, supo abandonarse en
la mano de aquel que podía socorrerle, en los momentos de necesidad. Nos dirá
María, en el canto del magnificat el Señor “Ha
hecho sentir el poder de su brazo: dispersó a los de corazón altanero, destronó
a los potentados y exaltó a los humildes” (Lc. 1,51-52), la humildad del
corazón, podemos verlo como la joya hermosa, que Dios desea para decorar su
templo santo, la humildad destila la santidad, que Dios mismo ha repartido en
el mundo.
Dios protege a los humildes que
confían en él, es el parafraseo de todo el canto del magnificat, cuando
reconocemos la grandeza de Dios y su poder, que es más grande que todo, y que
puede suplir en nuestra necesidad, es cuando dejamos a Dios que sea Dios
permitiéndole actuar libremente según su beneplácito.
Hoy en ésta fiesta de la Asunción de
la virgen María a los cielos, pidámosles, que seamos reflejo de esa humildad,
que fue capaz de atraer la mirada de Dios sobre ella, para que nos sintamos
cada día más amados y más queridos de Dios, por nuestra humildad y por nuestra
confianza en él.
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