L06082018

LUNES, 6 DE AGOSTO DE 2018
La Transfiguración del Señor
2 Pe 1, 16-19: Mc 9, 2-10

LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
Nosotros escuchamos esta voz venida del cielo.
De la segunda carta del apóstol san Pedro: 1, 16-19
Hermanos: Cuando les anunciamos la venida gloriosa y llena de poder de nuestro Señor Jesucristo, no lo hicimos fundados en fábulas hechas con astucia, sino por haberlo visto con nuestros propios ojos en toda su grandeza. En efecto, Dios lo llenó de gloria y honor, cuando la sublime voz del Padre resonó sobre él, diciendo: “Éste es mi Hijo amado, en quien yo me complazco”. Y nosotros escuchamos esta voz, venida del cielo, mientras estábamos con el Señor en el monte santo.
Tenemos también la firmísima palabra de los profetas, a la que con toda razón ustedes consideran como una lámpara que ilumina en la oscuridad, hasta que despunte el día y el lucero de la mañana amanezca en los corazones de ustedes. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 96, 1-2. 5-6. 9

R/. Reina el Señor, alégrese la tierra.
Reina el Señor, alégrese la tierra; cante de regocijo el mundo entero. Tinieblas y nubes rodean el trono del Señor que se asienta en la justicia y el derecho. R/.
Los montes se derriten como cera ante el Señor de toda la tierra. Los cielos pregonan su justicia, su inmensa gloria ven todos los pueblos. R/.
Tú, Señor altísimo, estás muy por encima de la tierra y mucho más en alto que los dioses. R/.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Mt 17, 5
R/. Aleluya, aleluya.
Éste es mi Hijo muy amado, dice el Señor, en quien tengo puestas todas mis complacencias; escúchenlo. R/.

EVANGELIO
Éste es mi Hijo amado.
Del santo Evangelio según san Marcos: 9, 2-10
En aquel tiempo, Jesús tomó aparte a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos a un monte alto y se transfiguró en su presencia. Sus vestiduras se pusieron esplendorosamente blancas, con una blancura que nadie puede lograr sobre la tierra.
Después se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué a gusto estamos aquí! Hagamos tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. En realidad no sabía lo que decía, porque estaban asustados.
Se formó entonces una nube, que los cubrió con su sombra, y de esta nube salió una voz que decía: “Éste es mi Hijo amado; escúchenlo”. En ese momento miraron alrededor y no vieron a nadie sino a Jesús, que estaba solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos guardaron esto en secreto, pero discutían entre sí qué querría decir eso de “resucitar de entre los muertos”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

*REFLEXIÓN DEL DÍA*

Cuántos de nosotros quisiéramos ya experimentar esa presencia del resucitado, con el resucitado, la experiencia de la cercanía de Dios, y estar allí, cómodos, sin preocupaciones y gozando de los bienes celestiales.

Pero esta experiencia de Dios, nos prepara más bien para tomar fuerzas y descender del monte de la transfiguración y volver al pueblo, a la sociedad, con sus contradicciones.  Esta experiencia con Jesús transfigurado nos lleva a ver las cosas del día a día con ojos distintos, con ojos nuevos, a la manera de Dios que está con nosotros y que se nos revela a diario a nosotros.

Hoy, muchos viven en éxtasis, ante Dios, si salir de allí a encontrarse con aquellos que aún no le conocen.  De anunciar a Jesús como el Hijo único, predilecto del Padre a quien hay que escuchar.  La limitación impuesta en ése momento a los apóstoles, hoy nosotros no la tenemos por obligación, ya que el Señor ha resucitado entre los muertos.

Dios permanentemente, nos muestra y nos hace vivir momentos de encuentro y cercanía, momentos de consuelo, particularmente cuando nos toca tomar decisiones fuertes y difíciles. Estos momentos de Dios, son para eso mismo, para tomar fuerzas, ánimos y renovar nuestras esperanzas.

La transfiguración de Jesús nos mueve justamente para llenarnos de él.  Para no perder el sentido de eternidad hacía el que nos movemos. Ver a Jesús transfigurado es ver lo que seremos cuando salgamos de ésta realidad para entrar en la definitiva vida eterna.

Jesús sea realmente quien nos mueva a anunciarle a los otros y nos permita tomar a la luz de Dios, las mejores decisiones en pro de la vida eterna.

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