Ciclo B
Domingo, 24 de junio
de 2018
Natividad de San Juan Bautista
Lecturas del día:
Is. 49,16; Sal 138,1-3.13-14ab.14c-15; Hch 13,22-26; Lc 1,57-66.80
Curiosamente, el Señor, presenta para la meditación de toda la Iglesia, el pasaje del Nacimiento de San Juan Bautista, por ello, conmemoramos hoy esta Solemnidad.
Ya apreciamos, que éste San Juan Bautista, tendría el poder
del profeta Elías, quien fue arrebatado al cielo en un carruaje con caballos de
fuego, y es quien debía venir para preparar el camino y la venida al mesías,
hoy esa profecía se cumple, en la persona de Juan, y en sus padres Zacarías e
Isabel, ancianos de la tribu sacerdotal de Abías y descendencia del sacerdote
Aarón hermano de Moisés. San Juan
Bautista sería por tanto Sacerdote y Profeta.
Sacerdote y profeta, en su doble sentido, ya que como
Sacerdote movería los corazones al arrepentimiento y la conversión, disponiéndolos
para la llegada del mesías elevando los corazones de los hombres para su
encuentro con Dios, y profeta, porque denunciaría la maldad existente en el
pueblo, los vicios, los males de la lujuría y del pecado tan enquistados en el
corazón del pueblo y de la realeza, así como, anunciaría la voluntad de Dios a
todos y presentaría al Cordero de Dios, que quita definitivamente, todos los
pecados del mundo.
Hoy este Sacerdote y Profeta, nos llega como hijo de dos
ancianos, que en el ocaso de su vida, son bendecidos con el Don de Dios, Dios
no nos abandona a nuestra suerte, Él está muy pendiente de cada uno de nosotros
y en el momento justo, Dios se muestra propicio a nuestra necesidad.
Juan, era la bendición que esperaban Zacarías e Isabel, y en
cierta manera, el pueblo judío, que quería colocarle el nombre de su
progenitor, Zacarías, el cual estaba de momento inhabilitado para hablar por
dudar en su corazón de las promesas de Dios. Tanto Isabel como Zacarías,
tendrían claro la misión de éste niño, mucho antes de nacer. Dios, a través del Arcángel Gabriel, ya había
anunciado la misión de éste niño, por ello, San Juan Bautista, es sinónimo de
anunciador y preparador del camino para Dios.
Y a nosotros, esto ¿cómo puede afectarnos? ¿Qué tiene que
ver con nosotros? Simplemente en el
hecho, que todo niño que viene a éste mundo, en el corazón de Dios tiene una
misión que cumplir, lo que cada uno de nosotros debe descubrir, y no parece tan
sencillo, quisiéramos que otro nos dijera nuestra vocación. A los padres de San Juan Bautista, se lo
revelaron y eso fueron cultivando en éste niño, a quien alimentaron como un Nazireo,
en las montañas altas de samaría, al norte de Israel, donde comió langostas, se
alimentó con miel y tomó leche, y que como el profeta Elías, vivió en el
desierto, escuchando la voz del Señor, vestido de saco, en penitencia. La vocación o llamada del Señor fue
anunciada. Sobre nosotros también. Sean Santos como yo el Señor, soy santo. Camina en mi presencia rectamente, y sé
perfecto (Gen 17,1). Allí nuestra
llamada. Caminar en santidad. Pero de acuerdo a nuestra triple función
bautismal: Sacerdote, Profeta y Rey.
Santificando y tocando los corazones, anunciando el bien y
denunciando el mal y dominando nuestras pasiones desordenadas que buscan
imponer siempre nuestra voluntad y no la voluntad de Dios.
Hoy conmemoramos la llamada especial que hizo Dios a San
Juan Bautista, y nos hace reflexionar y pensar en esa llamada especialísima que
Dios nos hace a cada uno de nosotros.
Dios permita, que en nuestros momentos de oración, a solas
con Él, podamos descubrir la misión encomendada y nos dé la santa valentía
cristiana para esforzarnos en conseguirlo.
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